Murió Jorgelina Vidal: el periodismo del Conurbano Oeste despide a una de sus voces

Tenía 54 años y una extensa trayectoria en medios nacionales. Desde Moreno construyó una carrera atravesada por la política y la vida cotidiana de Morón, Ituzaingó y La Matanza.
Región 09/09/2026

NOTA 5Hay periodistas que llegan al Conurbano buscando una noticia y periodistas que aprenden a mirarlo desde adentro. Jorgelina Vidal pertenecía a ese segundo grupo. Vivía en Moreno, conocía el Oeste y durante buena parte de su carrera contó esa enorme geografía bonaerense donde la política municipal puede convivir en una misma cuadra con el reclamo de un vecino, una historia mínima y una noticia nacional. Murió el viernes 4 de septiembre, a los 54 años, después de atravesar una larga enfermedad.

 

Su muerte golpeó especialmente a quienes compartieron redacciones y coberturas con ella. Vidal era madre de tres hijos y había construido una trayectoria profesional de varias décadas que la llevó por gráfica, radio, agencia de noticias y medios audiovisuales.

 

Se había formado como periodista en la Universidad de Morón. Después llegó una experiencia decisiva: más de diez años trabajando en Clarín. Primero pasó por la histórica mesa de noticias y posteriormente integró la sección Política, dos lugares capaces de formar a fuerza de cierres, llamados, fuentes, editores y esa vieja gimnasia periodística de comprobar antes de publicar.

 

Pero hubo otra parte de su recorrido que explica especialmente su vínculo con el Conurbano.

 

Contar el Oeste desde el territorio

 

Vidal trabajó en los suplementos Zonales y allí su mapa periodístico empezó a tener nombres propios. Cubrió Morón e Ituzaingó y posteriormente se ocupó de La Matanza. No era una tarea menor: significaba contar municipios con identidades distintas, gobiernos locales, conflictos sociales y millones de historias que pocas veces entran completas en la agenda nacional.

 

El periodismo territorial tiene una dificultad particular. Desde lejos, el Conurbano puede reducirse fácilmente a estadísticas electorales, inseguridad, pobreza o internas partidarias. Cuando se lo camina, aparece otra cosa. Hay instituciones, clubes, comerciantes, universidades, trabajadores, organizaciones y vecinos que convierten cada distrito en una sociedad bastante más compleja que cualquier etiqueta.

 

Ese territorio fue una parte importante de la mirada profesional de Vidal. Política y comunidad no aparecían como mundos separados porque, en un municipio, rara vez lo están. Una decisión tomada en un despacho termina modificando una calle, una escuela, un hospital o la rutina de una familia. Contarlo exige conocer los nombres importantes, pero también saber mirar alrededor.

 

Su carrera continuó después en otros espacios. Trabajó en la agencia Télam, pasó por CNN Radio y Radio Mitre y también integró la Primera Mañana de CNN en Español. Fueron formatos diferentes para una periodista formada cuando el oficio todavía obligaba a cambiar de registro sin abandonar una regla básica: detrás de la información siempre hay alguien a quien esa noticia le está pasando.

 

Entre sus colegas quedó además el recuerdo del trabajo cotidiano. No solamente la firma publicada o la salida al aire, sino esa parte menos visible del periodismo hecha de compañerismo, consultas, cierres compartidos y años de redacción.

 

Familiares, amigos y compañeros la despidieron en Castelar. Para el periodismo bonaerense queda su recorrido y, especialmente, aquello que ninguna tecnología puede reemplazar del todo: conocer el lugar sobre el que se escribe.

 

Porque contar el Conurbano requiere datos, fuentes y oficio, pero también aprender a escucharlo. Jorgelina Vidal dedicó buena parte de su vida profesional a eso. Y en el Oeste, donde tantas historias empiezan lejos de las grandes redacciones, queda una periodista menos para contarlas, pero también una manera de mirar el territorio que permanece en quienes aprendieron a compartir ese oficio con ella.

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