Aviones caza F-16 para Argentina. ¿Decisión correcta?

El gobierno del presidente Javier Milei ha tomado la decisión de comprar para nuestro país 24 cazas F-16 para la Fuerza Aérea provenientes de la Fuerza Aérea Danesa, pero de origen norteamericano.

Política 12/04/2024
NOTA 1 AVIONES CAZA

Por Amado Brancatti

 

Como toda decisión que involucre un sistema de armas complejo, la opción se elige calibrando la neutralización de amenazas, los recursos disponibles y eventualmente los alineamientos geopolíticos. Y en este último punto surgen interrogantes.

Primero, una cuestión fundamental: es cierto que Argentina tiene descuidado su instrumento militar, recurso fundamental para que los Estados tengan un poder que los posicione mejor de cara a sus relaciones diplomáticas. Un Estado piensa dos veces las decisiones antes de contrariar a otro que tenga músculos importantes, ya que las fuerzas armadas sirven para hacer creíble la defensa de los propios intereses.

Con respecto a la neutralización de amenazas, corresponde a las instancias políticas de un Estado señalar cuáles son aquellas situaciones o actores que pueden vulnerar alguno de sus intereses, recursos o atributos. 

Como las amenazas usualmente (pero no siempre) pueden provenir de otro Estado, se establecen políticas de defensa que se articulan según sean las características de aquello que se quiere proteger, los potenciales teatros de operaciones y las capacidades presupuestarias. Una vez evaluadas las características de las amenazas y el resto de las variables, se toma una decisión política sobre cómo articular la defensa.

En conclusión, el equipamiento militar nace de la evaluación y decisión del poder político. Según sea el tipo de amenaza, se decidirá qué armamento y qué tecnología se buscará.

Claro que también hay limitaciones en términos presupuestarios y tecnológicos. Si un Estado logra desarrollar el armamento que requiere, tanto mejor. Pero si no lo logra por sí mismo, lo debe adquirir. En cualquier caso, ambas situaciones requieren de dinero, sea porque la investigación, desarrollo y producción de armamento lleva grandes inversiones, o porque comprarlo a terceros obviamente requiere de mucho dinero.

Ahora bien, la estrategia nacional de un Estado nace del reconocimiento que este hace del lugar que ocupa en el sistema internacional y de los objetivos que pretende alcanzar. Si entre esos objetivos está neutralizar una amenaza que proviene del Estado “X”, es lógico que no le vaya a comprar armamento a ese Estado ni a ninguno de sus aliados. Es probable que incluso no se puedan comprar sistemas de armas que tengan componentes del Estado percibido como amenaza, porque este, al ser considerado como tal, vetará su compra.

Y esto es lo que pasa con nuestro país cada vez que quiere adquirir armamento que tiene componentes británicos. El Reino Unido no está declarado oficialmente como amenaza por nuestro país, pero en definitiva ocupa nuestro territorio en el Atlántico sur. Y entonces volvemos a donde empezamos: ¿Es viable la compra de un sistema complejo de armas a los Estados Unidos?

¿Argentina tendrá siempre, en tiempo y forma, los repuestos, conocimientos y armamentos que llevan los cazas, tratándose del aliado más firme del Reino Unido? ¿Los norteamericanos avanzarán en algún momento en transferencias de tecnología para que desarrollemos armamento propio? Así parece creerlo nuestro presidente, muy confiado como está en la búsqueda de una “relación especial” con los Estados Unidos.

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