Tercerización, sobretareas y más controles para las licencias médicas

La reforma laboral que preparan los empresarios

Actualidad 24/10/2023
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A través de diversos ataques a las condiciones laborales de sus trabajadores, los dueños de grandes industrias del AMBA adelantan cuál será el modelo laboral que querrán imponer de cara al próximo gobierno de Massa o Milei. 

 

Por Rodrigo Lescano

 

Entre copas de champagne y diferentes variedades de canapés, los empresarios más importantes del país debatieron en el último coloquio de IDEA la necesidad de aplicar una reforma laboral para mejorar las condiciones de contratación, incentivar la creación de empleo formal y terminar con la “industria del juicio”.  Ante la presencia de candidatos presidenciales y sindicalistas, expresaron su confianza hacia un cambio de gobierno que les permita realizar las reformas necesarias en un contexto de incertidumbre económica.

Aunque apuntan a cambios por sectores, en diferentes industrias del AMBA aplican diversos ataques a las condiciones de trabajo que marcan la cancha para los futuros debates en materia de legislación laboral y acuerdos sectoriales. Para alcanzar una “modernización del mercado laboral” que no atente contra sus ganancias, las patronales siembran un sendero de tercerización y precariedad.

Un plazo de seis meses

A pesar de que las cámaras patronales aducen que no contratan personal porque no estaría calificado para las tareas que se les proponen, varias empresas han dejado de efectivizar y sostienen su producción, principalmente, con operarios temporales. El ejemplo en la zona norte del Gran Buenos Aires es Mondelez (ex Kraft Terrabusi). La empresa productora de marcas como Oreo y Milka ha despedido desde el inicio de la pandemia a 1800 operarios que figuraban bajo “contratos a plazo fijo” de seis meses y que reemplazaron puestos de obreros efectivos.

Estela Cabral, obrera de esta multinacional, relató para este medio que la alimenticia “aprovechó la pandemia para sacarse de encima a los trabajadores ‘rotos’ y quienes estaban en licencia por ser de riesgo” y reemplazarlos por jóvenes provenientes de las casas de comidas rápidas y  por sus familiares de operarios que trabajan allí. Para la referente de la agrupación Bordó, opositora a la conducción de Rodolfo Daer en el sindicato de alimentación, estos empleados son “súper explotados” debido a que realizan las mismas tareas que los que se encuentran en planta permanente, pero sin los derechos de estos últimos como indemnización o antigüedad. 

Los contratos a plazos fijos han sido implementados también por Ford y Toyota  para sus plantas de Pacheco y Zárate respectivamente, y fueron denunciados por el Centro de Profesionales de los Derechos Humanos (CEPRODH) como un método de contratación fraudulenta. Argumentan que, según la Ley de Contratos de Trabajo, el plazo fijo sólo se utiliza para labores “excepcionales” por un tiempo indeterminado, pero en los hechos trabajan a la par de sus compañeros efectivos y luego son “descartados”. 

A pesar de que la duración de estos contratos es de seis meses, en empresas nacionales pueden llegar a extremos impensados. Tomas Suárez, operario de Georgalos en su planta de Victoria confiesa: “A los pibes le renuevan el contrato mes a mes. En la década del 90 y durante la firma anterior (Mondelez) te contrataban por tres meses. Ahora tengo compañeros que hace nueves meses están contratados y todavía no fueron efectivizados”.

Reemplazar por mano de obra barata

El avance de la contratación temporal se manifiesta, por un lado, en el achicamiento de las plantas permanentes. Por ejemplo, Cabral menciona que Mondelez no efectiviza desde el 2013 y Suárez agrega que, durante el macrismo, esta multinacional aplicó una política de retiros voluntarios que le permitió deshacerse de la mitad de los obreros con plenos derechos. Por otro lado, se expresa un avance en la tercerización de servicios.

“En el sector de mantenimiento, sus trabajadores eran efectivos. Al tercerizar este sector, fueron reemplazados por otros que están bajo convenios de UOCRA o maestranza”, sostiene el operario de Georgalos. Esta misma situación se vive en Mondelez donde, como cuenta Cabral, “viene un contratado tercerizado que cobra menos por estar bajo convenio SMATA o UOM y, así, se vacía el sector mantenimiento de mano de obra calificada”.

Las alimenticias no son la excepción. También lo son las productoras de neumáticos. Víctor Ottoboni, empleado de FATE y ex secretario de prensa del SUTNA, expresa para este medio que la firma propiedad de Madanes Quintanilla avanzó, a partir de la pandemia, en la tercerización del servicio de mantenimiento y que, gracias a la lucha, se logró efectivizar a una parte de ese sector.

Prohibido enfermarse

La flexibilización laboral está acompañada por un mayor control sobre la salud de los trabajadores. Todos los trabajadores entrevistados anteriormente coincidieron en que, luego de la pandemia, las prestaciones por accidentes laborales, enfermedades profesionales o enfermedades inculpables han sido limitadas por los departamentos médicos de las empresas.

Suárez relata que sus compañeros de Georgalos tratan de evitar llevar las denuncias a las ART porque, en el caso de que sean rechazados los pedidos de licencia en un período de hasta diez días, la empresa se niega a justificarlos. A esto se suma que, en el caso de licencias de larga duración, los operarios son obligados a que vayan a la fábrica para ser vistos por los médicos de la empresa y allí ellos determinaran si el reposo es el adecuado.

En Mondelez, el sindicato, la patronal y la comisión interna firmaron un acto en julio del año pasado donde se habilita a los médicos de la empresa a negar certificados de médicos particulares y manejar a voluntad denuncias ante la ART. Todo pasa por el servicio médico, quien determinará si el hecho ocurrido ha sido o no accidente. “Además, cuando te dan reposo y te lo aceptan, te llama una tercerizada que te hace una entrevista vía virtual para ver tu situación. Se metió el médico laboral en la casa a través de la pantalla del celular”, denuncia Cabral.

Más trabajo, menos trabajadores

La contratación de personal eventual por parte de las grandes empresas también conlleva a que se flexibilicen las condiciones de trabajo de los efectivos. Cuando los tercerizados son despedidos porque sus contratos terminan, la planta permanente es obligada a hacer sus tareas.

Ese fue el motor de los paros que se dieron este mes en la molinera Royal Canin (Virrey del Pino, La Matanza). Los operarios se negaron a limpiar las maquinarias y los silos luego de que la empresa despidiera a los tercerizados de limpieza.

Al mismo tiempo que ocurría este conflicto, los operarios de Mondelez rechazaban en asambleas la propuesta de la patronal norteamericana de acortar los tiempos de descanso a cambio de un bono salarial. La intención es que los efectivos puedan realizar las tareas de los trabajadores que terminan sus contratos en diciembre de este año.

Este avance es antecedido por un acta firmada en septiembre del año pasado entre las partes gremial y empresaria que obliga a los obreros efectivos del sector de producción a realizar tareas de envasamiento.

Una relación desfavorable

Consultada por este medio sobre las razones del avance de la tercerización laboral en las industrias argentinas, Paula Varela, doctora en Ciencias Sociales y licenciada en Ciencias Políticas por la UBA, argumenta que los contratados juegan el mismo rol que jugaban los desocupados en la década del 90: un ejército de reserva que presiona para bajar el valor de la fuerza de trabajo

“Gracias a las reformas que se hicieron en los 90, se logró que en la actualidad los sectores efectivos sean una minoría dentro del conjunto de la clase obrera. Salvo que tengan un sindicato combativo, juegan en una relación desfavorable para defender sus derechos. Por ejemplo, cuando la burguesía dice que quiere quitar el derecho de indemnización, lo que está expresando realmente es que a los millones que están bajo la informalidad ya se lo sacaron por medio de la tercerización y la flexibilización y que ahora van a por sacárselo a los que lo tienen", profundizó la investigadora del CONICET. 

Un futuro precarizado

Detrás del espumoso sabor del champagne y los finos canapés del coloquio IDEA, los empresarios están llevando a cabo una reforma laboral de hecho en sus plantas. Primero, eliminan puestos efectivos por contratados, luego limitan el acceso a licencias por enfermedad o accidente y, por último, intentan flexibilizar el trabajo de quienes gozan estabilidad laboral.

En vísperas de un nuevo gobierno, y con la complicidad de sindicatos y gobiernos que dejan pasar cada quita de derechos, estos ataques a las condiciones de vida de los trabajadores industriales adelantan cuál será el modelo laboral que querrán imponer las cámaras empresariales. 

La urgencia de la situación invita a discutir en cada lugar de trabajo la necesidad no solo de el pase a planta permanente de los contratados, sino también de la importancia de reducir la jornada laboral  a 6 horas y 5 días a la semana, y repartir las horas de trabajo entre ocupados y desocupados por un salario que cubra la canasta familiar. Trabajar todos y trabajar menos, sin ningún tipo de flexibilización a cambio, es el desafío que el movimiento obrero deberá asumir.

 

Recuadro

Vivir trabajando

 

“Yo limito la jornada para que trabaje menos, pero ¿para qué? ¿Para ir afuera a hacer qué?”, se preguntó el vocero de la Unión Industrial y jefe de abogados de Techint, Julio Cordero, durante los debates que se dieron  en el Congreso sobre la reducción de la jornada laboral legal. Aunque, entre las federaciones empresarias, la opinión está dividida  entre quienes la rechazan, quienes proponen "que se trabaje más” y quienes aceptan discutirla pero “por convenio” y a cambio de flexibilización, en los hechos los obreros pasan más tiempo en sus trabajos que en sus casa.

En la planta de Villa Tesei de Fargo, los empleados no gozan de los fines de semana ni feriados debido a que trabajan 12 horas obligatorias por 24 de descanso. En la Papelera del Plata (Zárate), el cuarenta por ciento de su personal debe ir los feriados para continuar con la producción y en la fábrica Manaos, ubicada en la localidad matancera de Virrey del Pino, las jornadas son de 12 horas y, durante las temporadas altas de ventas como las fiestas de fin de año, tienen que ir sábados y domingos.

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