De Ucrania a Israel: EEUU pierde el foco principal de su geopolítica

El conflicto entre Israel y Hamás, que se ha extendido e involucra a Hezbolá, Siria e Irán, genera un nuevo frente de conflicto que amenaza los planes estadounidenses de cara al tablero eurasiático.

Actualidad 15/04/2024
nota unica

Por Fernando Pérez

 

Primero, veamos algo fundamental de la geopolítica. Cuando una potencia tiene proyección mundial, debe señalar cuidadosamente sus regiones prioritarias para medir la capacidad de recursos que se asignan a ellas según su importancia relativa.

En los lugares prioritarios se asignarán más recursos; en los menos importantes, menos. Esto, que parece una verdad de Perogrullo, no explica todo si no se entiende que hay muchos factores que determinan que una región sea más importante que otra.

Para decirlo sencillo: no se asignan recursos a un lugar solo por la cantidad de habitantes o por el tamaño de una región, sino por su importancia en las dinámicas de poder.

Unánimemente, los pensadores geopolíticos reconocen que Eurasia es el tablero principal de los asuntos mundiales. En efecto, es la masa continua más grande del mundo, tiene acceso directo a casi todos los océanos, la mayor cantidad de Estados importantes, la región más significativa en términos demográficos y el centro de la economía mundial con sus vastos recursos e industrias. 

Ténganse en cuenta que estamos hablando de una masa territorial que va desde el mar del sur de China hasta Escandinavia; de países que dan al Atlántico hasta el estrecho de Bering.

De lo dicho al comienzo, se deriva un principio básico de la geoestrategia para una potencia que busca transformarse en hegemonía mundial: debe evitar por todos los medios que otra potencia se transforme en una hegemonía regional, por lo que debe socavar a ese potencial competidor desde dentro por medio del debilitamiento político, la subversión social, el desgaste económico, etc. 

O bien ayudando a crecer a otros Estados de la región para que estos contengan el poder de la potencia desafiante, generando un equilibrio de poder regional.

Es lo que buscó Gran Bretaña en la Europa continental, por ejemplo, evitando que se transformaran en potencias hegemónicas europeas ya los españoles, ya los alemanes, ya los franceses.

Lo mismo busca EEUU en el tablero eurasiático, en un mundo donde las dinámicas de poder ya son estrictamente globales. Y ocurre que dos de las tres potencias más importantes de la actualidad a nivel mundial (Rusia y China) no solo se muestran como adversarias activas de los EEUU, sino que se han transformado en socias entre sí. No pocos señalan que de estas dos, Rusia es la más débil y China la verdadera competidora equivalente de los EEUU; si no hoy, seguramente en muy breve. 

Y ahora vamos a la política concreta. Si EEUU asigna demasiados recursos (armamento, dinero, tiempo, diplomáticos, lobbistas) a dos escenarios secundarios con respecto a China, como son Ucrania e Israel, no puede orientarse de manera unificada, permanente y activa en el extremo oriente.

De allí que los chinos sonríen pacientes mientras Biden se carga de responsabilidades en otros escenarios. Para los chinos los siglos no han pasado en vano; y saben muy bien cuáles son los frutos de la paciencia y del trabajo en silencio.

 

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