Schrödinger y el Universo Psíquico

Junto a su par alemán Werner Heisenberg, el austriaco Erwin Schrödinger es honrado como uno de los dos padres de la mecánica cuántica.

Cultura 14/03/2024
NOTA

Ambos fueron figuras clave en el desarrollo de áreas importantes de la física contemporánea, ampliando también las bases analíticas de las filosofías sobre las ciencias, la mente y el tiempo. En el año de 1926, Schrödinger propuso la famosa ecuación que lleva su nombre, un enfoque alternativo de la teoría cuántica que, basado en la mecánica de las ondas, sintetiza de manera práctica el comportamiento de sistemas como átomos y moléculas. Esta contribución por si sola le valió un premio Nobel en 1933 y pudo inspirar cambios de paradigma en distintas áreas de la ciencia. Pero quizá es más conocido por su “gato”, un experimento mental que plantea esta incertidumbre:

Hay un gato metido en una caja equipada con un dispositivo formado por una ampolla de vidrio con veneno y un martillo sujeto sobre esta, de tal manera que, si cae, la romperá y el veneno escapará. El martillo, a su vez, está conectado a un mecanismo detector de partículas alfa, de modo que si una de estas partículas lo alcanza se activará y caerá. Junto al detector está situado un átomo radiactivo con un 50% de probabilidad de emitir una partícula alfa en el curso de una hora. Si se cierra la caja y se espera, el gato está vivo y el gato está muerto a la vez.

Desde mi punto de vista, este resumen, sin embargo, dice poco sobre cómo asumió este físico su propia contribución pública y el propósito del pensamiento en el siglo XX. Podría decirse que le intrigó la posibilidad de la convergencia de todos los problemas del conocimiento en un gran enigma. Quizá se vio a sí mismo como un filósofo sintético similar a los griegos presocráticos interesados en el “arjé”, “ἀρχή”, el elemento que habría dado comienzo a todos los fenómenos y a todas sus interpretaciones. Un principio de singularidad de la vida.

También podría decirse que Schrödinger detectó que, si pretendía revivir esta búsqueda de una singularidad, sería necesario desaparecer la distancia entre los criterios de objetividad de la física y el sentido de experiencia subjetivo. Esto explica su interés por dos preguntas filosóficas: ¿qué nos hace pensar que existe un mundo externo independiente de la mente? y ¿cómo llegamos a la conclusión de que cada mente está limitada a sí misma y limita con las demás? Lo que se ha contestado al respecto desde ejercicios especulativos carece de evidencias empíricas incontrovertibles. ¿Cómo podríamos salir de nuestra propia experiencia para poder saber? Este es un problema práctico y que motiva a replantear ambas preguntas.  

Schrödinger consideraba que los dos esquemas occidentales básicos para abordar estas cuestiones habían probado ser insuficientes para encontrar una resolución satisfactoria. El materialismo reduccionista hace una descripción del universo solo en tercera persona, mientras que el idealismo subjetivo da valor al universo solo como una interpretación. Esto llevó al físico austriaco a profundizar en las religiones de Oriente y en especial en el hinduismo, tradiciones que privilegian el principio de identidad sobre el de contradicción.

“Vedanta” desde su sentido etimológico es la conclusión o el sentido último de los “Vedas”, es decir, la “Sanatana Dharma”, la enseñanza y la realidad eternas. Se trata de una reforma religiosa iniciada desde el siglo VI antes de la era común, desde un cuerpo de escuelas exegéticas y ascéticas que espiritualizaron la religión brahmánica y los Vedas como libros sagrados. El “Advaita Vedanta” es considerado el punto culminante de estos sistemas filosóficos indios, y Adi Sankaracharya su principal y más famoso desarrollador. Para esta doctrina, el “ātman” o “sí mismo” es advaita o “a-dual”, es decir, no hay ninguna frontera entre yo, mundo y Dios o “Brahman”, la expansión o trascendencia sin límites. La mismidad es un principio relativo o relacional. Por ejemplo, una madre es madre no en sí misma, sino en relación a un hijo. Es igual a sí misma no porque sea una experiencia o un experimentador intrínseco, sino porque la experiencia cobra sentido de múltiples maneras. Es eterna, universal y su luz revela al yo empírico y a todos los objetos. Por lo tanto, el ātman no se ve vinculado al espacio, al tiempo o a la causalidad. En las propias palabras de Adi Sankaracharya:

Nunca te identificas con la sombra que proyecta tu cuerpo, ni con su reflejo, ni con el cuerpo que ves en un sueño. Por lo tanto, tampoco deberías identificarte con este cuerpo viviente.

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